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El soldado Hitler

La  web inglesa de genealogía Ancestry, en colaboración con el archivo estatal de Baviera, ha hecho públicos los libros de registro de rangos y escalafones del ejército bávaro durante la primera guerra mundial. Los libros contienen más de un millón y medio de registros de los soldados que combatieron en las unidades del ejército del Reino de Baviera, uno de los cuatro que componían el segundo Reich. Dos de estos registros pertenecen al soldado Adolf Hitler (sentado, primero a la izquiera, en una foto de 1915).

La eficaz taxonomía burocrática germana nos dice del joven Hitler que nació el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, en la región de Oberösterreich (hoy Austria). Sin religión. De profesión, pintor (artístico). Soltero, como puede certificar su tío Anton Schmidt, terrateniente en Weitra, en la región de Niederösterreich, ya que sus padres han muerto. Su madre se llamaba Klara, y su apellido de soltera fue Pölzl. Su padre, Alois Hitler, trabajó como funcionario aduanero en Linz.

Respecto a su carrera militar, los datos ofrecidos por el registro permiten confirmar que Adolf Hitler se arrastró por el barro. Era un soldado más de los cientos de miles que conformaban el ejército del Káiser durante la primera guerra mundial. Suelen aparecer en las fotografías hieráticos, y aunque jóvenes, aparentan más años de los que tienen debido a sus mostachos esculpidos y a esos uniformes pesados que parecen impedir cualquier movimiento ágil de defensa o de ataque. Muchos idealistas, con su intelectual sentido del sacrificio, se alistaron voluntarios, movidos por los ecos de las guerras franco-prusianas y por las batallas de Beaumont y Sedán, ganadas apenas cincuenta años atrás.

Voluntario en la I Guerra Mundial

Adolf Hitler se alistó como voluntario en agosto de 1914 (oficialmente comenzó a formar parte del ejército el 1 de septiembre), y aunque aún vacilante y sin genio, también era pintor. Y habló igualmente de la aniquilación de su ánimo inicial: "Sin embargo, en lugar de la batalla romántica se instaló el horror. El entusiasmo se fue enfriando, y la exaltación quedó ahogada por el miedo a la muerte", explica en su Mein Kampf. La congelación del ánimo fue algo súbito. Hitler formaba parte, como mensajero -ciclista-, del 16° Regimiento de Infantería Bávaro de la Reserva. Después de tres meses de instrucción, su compañía fue enviada al frente en octubre de 1914.

Los registros del archivo estatal de Baviera contemplan todos los combates en los que participó el joven soldado: el 29 de octubre de 1914, en la batalla de Yser; entre el 30 de octubre y el 24 de noviembre de ese año, en la primera batalla de Ypres. Su compañía se redujo de tres mil quinientos a seiscientos hombres. Sólo sobrevivieron treinta oficiales, tal y como el propio Hitler relató por carta a su casero en Múnich, un tal Popp. Así es como lo cuenta William Shirer, que también habla de las primeras heridas sufridas por Adolf Hitler dos años después.

Siguen los combates en noviembre y diciembre en la zona de Flandes. Hitler es ascendido a cabo. Las refriegas duran hasta marzo. Entre el diez y el catorce de marzo de 1915, batalla en Neuve-Chapelle. Sigue la lucha hasta mayo en la zona francesa de Flandes. Hasta julio luchará en La Bassée y Arras. Hasta septiembre de nuevo en Flandes, y en octubre de nuevo La Bassée y Arras.

En 1916 le hirieron en una pierna en la batalla del Somme, considerada una de las más cruentas de la guerra, donde murieron en total cerca de trescientos mil soldados. Hitler sobrevivió y fue trasladado a Alemania. Según los archivos, permaneció en Beelitz, cerca de Potsdam, entre el 9 de octubre y el 1 de diciembre. Una vez recuperado, regresó al frente en marzo de 1917, esta vez en el regimiento List. Participó en las batallas de Arras y en la tercera de Ypres en verano de ese mismo año. Había sido ascendido a cabo. Fue condecorado, como cuenta Shirer, después de cada una de sus heridas.

Una ceguera temporal

La segunda vez que le hirieron fue un poco antes de que la guerra terminara, el trece de octubre de 1918. Los ingleses atacaron la colina donde se encontraban Adolf Hitler y el resto de sus compañeros. Fue un ataque con gas, en una colina al sur de Werwick, durante la última batalla de Ypres. Hitler quedó gravemente maltrecho. El gas le afectó a la vista y quedó ciego durante un tiempo. Regresó a Alemania y fue internado en el sanatorio de Pasewalk, a unos ciento cuarenta quilómetros al norte de Berlín, muy cerca de la actual frontera polaca. Contaba con veintinueve años. Su bigote prusiano, en lugar de mantener las puntas erectas o de estabilizarse horizontalmente, como era lo más habitual, cortaba su mentón en un ángulo recto. Recuerda muy poco al Hitler de dos décadas después, moldeado con sus aditamentos característicos: su flequillo en forma de hoja de cuchillo y su yermo bigotín. Esta transformación física irá ligada a un cambio mental.

En Pasewalk recibe la noticia del final de la guerra. El Reich se encuentra exhausto, diezmado su ejército y con grandes turbulencias sociales en su interior. El Káiser huye a Holanda y se instaura la república en Alemania. Será un gobierno democrático el que firme el armisticio de Rethondes el 11 de noviembre de 1918. La derrota. La noticia sumió a Hitler en una profunda desesperación. Su estado era lamentable. El doctor Kroner, que es quien atendió su problema de ceguera, sospechó que no había sido el gas mostaza el causante de los daños oculares. El mismo Dr. Kroner había sufrido los efectos del gas y dictaminó que la ceguera había sido provocada por un ataque histérico. Así pues, quien se hizo cargo del cabo Hitler fue un especialista en psiquiatría, el Dr. Edmund Forster, en el Hospital Militar de Pasewalk. Forster confirmó el diagnóstico de Kroner, y es la persona que logró curar la ceguera histérica de Hitler. Su tratamiento salió a la luz pública en 1973, con la desclasificación de unos documentos del archivo de la Inteligencia Naval de los Estados Unidos. El soldado se había transformado, gracias a un problema de su sistema nervioso, en un político mesiánico. Tal fue el objetivo que se marcó Hitler al salir de Pasewalk, y así lo cuenta en Mein Kampf.

Correspondencia

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  • Anónimo
    19.12.2009

    Quién le iba a decir a aquel pobre soldado que acabaría siendo propuesto para Nóbel de la Paz http://www.abc.es/hemeroteca/historico-11-12-2004/abc/Cultura/los-archivos-sobre-la-candidatura-de-hitler-al-nobel-de-la-paz-en-1938-salen-a-la-luz_963890993706.html

  • Anónimo
    19.12.2009

    Estos diagnósticos extraños los habrían firmado Castilla del Pito y Pepito Carvalho..

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