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Shoah Es necesario

La primera película de Claude Lanzmann se tituló Pourquoi Israel (1972), un documental de tres horas sobre la vida cotidiana en ese país con el Holocausto como elemento vertebrador de todas las clases sociales. Un año después comienza a trabajar en Shoah. La película se gestó durante más de diez años de investigación y rodaje no exento de problemas. En 1979 unos desconocidos golpearon al director y le robaron una gran cantidad de material filmado; las complicaciones económicas fueron continuas; seguir las pistas a los verdugos y a los supervivientes del Holocausto, extremadamente difícil. El resultado final fueron unos ochenta kilómetros de película y más de nueve horas de duración. El empeño de Lanzmann culminó con éxito.  El reconocimiento internacional por su importancia histórica y cinematográfica impuso la publicación de varios libros y artículos. Posteriormente, en 1994, culminó la película Tsahal, de más de cinco horas de duración, con entrevistas a soldados y mandos del ejército israelí. En 1997 crea y dirige Un vivant qui passe, una película cuyo origen es una de las entrevistas de Shoah. Maurice Rossel, oficial de la Cruz Roja durante la segunda guerra mundial, hizo un informe positivo de los campos de concentración de Auschwitz y Theresienstadt después de una visita escrupulosamente manipulada por los mandos nazis. La última película de Lanzmann es Sobibór, 14 octubre 1943, 16 heures, el relato de la revuelta protagonizada por una veintena de prisioneros del campo de exterminio de Sobibor, que lograron huir tras matar a varios oficiales alemanes.

Pero es su obra cumbre, Shoah, la que logra, con su extraordinaria propuesta estética y conceptual, representar de forma única la experiencia del sufrimiento de los judíos en los campos de exterminio del este de Europa. Los silencios por los que transitan las imágenes de los bosques y llanos donde se asentaron los Lager moldean nuestra angustia, la mezcolanza de idiomas muestra el alcance de un crimen que nos involucra a todos los europeos, la risa encaja en un discurso tan brutal y subvierte nuestra forma de asumir el Holocausto.

La risa en Shoah se humaniza más que nunca en el rostro de una víctima: el hombre que sacó de un camión los cadáveres gaseados de su familia. “¿Por qué se ríe?”, pregunta el director. Entre las víctimas, ríe también Simon Srebnik, el barquero resucitado que canta al iniciarse la película, cuando se reúne de nuevo con los habitantes del pueblo polaco que justificaban el asesinato de los judíos. Por supuesto, también ríen esos polacos. Lanzmann dijo en su momento que Shoah tenía también algo de western. Cierto. Ocurre cuando éste llega al pueblo de Grabow con su chaqueta de cuero y su flequillo impertinente. La gente aparta cauta los visillos. Lanzmann muerde las palabras y dispara sus sarcasmos y sus ironías en cada pregunta. Escucha con relativa atención a la intérprete, como si ya conociera de antemano las respuestas. Las mujeres sueltan sus risotadas y todos caen víctimas del desprecio a los pies del espectador.

Hay risas en Shoah y silencios que oprimen tanto como las palabras que dan forma al dolor. Los testimonios hablan en muchos idiomas, una red de fronteras que rompieron los nazis y que ahora quiebra Lanzmann con el trabajo de sus intérpretes. Cuando éstas repiten lo dicho por los entrevistados, la película transcurre con un tempo nuevo, con el desvelo de lo oculto, lo indescifrable y lo incomprensible. Los supervivientes hablan con contención dramática, como una pieza de Bach que con su emocionado transcurrir llama a una explosión sentimental que nunca termina de llegar. Incluso el historiador Raul Hilberg lo hace así. Hablan despacio, tratando de explicarse y hacerse entender. Filip Müller, el Sonderkommando encargado de sacar los cadáveres de la cámara de gas e incinerarlos, “el más humano entre los humanos”, susurra monocorde su historia. Abraham Bomba, el peluquero en la cámara de gas de Treblinka, se ve obligado por Lanzmann a seguir hablando cuando aquél no es capaz de continuar, cuando el espectador no es capaz de seguir escuchando. “Es necesario”.  Es necesario el testimonio vivo en una película sin una sola imagen de archivo, sin una sola evidencia visual. Basta el sonido de los vagones chirriando sobre las vías para hacernos comprender. Es otro más de los aciertos de esta película inclasificable, de esta película brillante y total, perfecta.

Lanzmann se muestra implacable en sus preguntas. Es agresivo con los supervivientes. Les exige su recuerdo y la verdad, imprescindibles para contar cómo y a quiénes asesinaron los nazis y sus secuaces; imprescindibles para lograr la última victoria sobre ellos y doblegar la negación del crimen impuesta por los asesinos. A éstos los trata de forma distinta. Hay quien no quiere hablar y Lanzmann da forma a su negativa con el ruido ambiental del bar donde trabaja un antiguo oficial de un campo de concentración. Con otro, ahora dedicado a escribir artículos en revistas de alpinismo, usa de la ironía como modo de ridiculizarlo y presentarlo como un ser abyecto. Con Franz Suchomel, sargento en Treblinka, se muestra incluso obsequioso, pero le miente al prometerle que no le están grabando. Vemos contar a Suchomel cómo quedan los excrementos sobre el suelo donde antes había formado un grupo de prisioneros. Lo cuenta escandalizado, el sargento, y lo vemos velado por la imagen gris de la cámara oculta. Otra victoria de Lanzmann.

Lanzmann acudió al preestreno de la película en España, en junio de 1988. Se quejó de que hubiera tardado tanto en exhibirse en nuestro país (si bien se había presentado dos años antes en el festival de cine de Valladolid). El estreno oficial tuvo lugar pocos días después en el cine Torre de Madrid. La película se proyectó a lo largo de cuatro días. Hay quien recuerda que al finalizar ésta, los espectadores fueron recibidos con gritos y abucheos por parte de algunos sujetos, sedimentos residuales de un antisemitismo del que no queremos desembarazarnos.

Correspondencia

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  • Anónimo
    21.01.2010

    Fantástico documento. Veo que han remitido a mi blog, dónde en su momento colgué la pelicula de Lanzman Espero que siga accesible pues es un documento, que a pesar de lo largo, vale la pena visionar. Neguev

Biografía

Claude Lanzmann

1925, París

Nació en París hijo de Armand Lanzmann y Pauline Grobermann. En 1940, ante la ocupación alemana y por miedo a represalias dada su ascendencia judía, Lanzmann se traslada con sus hermanos y su padre a una casa en Auvernia. En 1943, a los 18 años, en el Liceo Blaise Pascal de Clermont-Ferrand, organiza acciones de resistencia. Más adelante se unirá al maquis en Margeride y Mont Mouchet. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, fue condecorado con la Medalla de la Resistencia con Rosetón y nombrado Comendador de la Legión de Honor y Comendador de la Orden Nacional al Mérito. En 1949, luego de obtener la licenciatura en literatura y una maestría en filosofía, se convirtió en catedrático en la Universidad Libre de Berlín. Se dedica al cine desde 1970. Su obra cumbre es la película documental Shoah, en la que comenzó a trabajar en el verano de 1974.

Tráiler de la película

Encuentro con Claude Lanzmann

Cronología régimen nazi

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